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1 de enero de 2019

Nuevo año, nueva oportunidad para el respeto y la admiración hacia las mujeres

Acabamos de iniciar un nuevo año. Feliz 2019.

Sin embargo, este año no comienza en el blog con la típica felicitación y el deseo de que todos vuestros proyectos e ilusiones transcurran por la senda de la satisfacción y el éxito, que, dicho sea de paso, es lo que os deseo.

Este año es diferente; al menos, así lo vivo desde que hace unas semanas, la muerte de Laura Luelmo en las circunstancias que todos conocemos, hayan propiciado que no haya un día en el que no me encuentre en algún momento reflexionando, pensando qué resultados estamos consiguiendo con las actividades con las que "machacamos" en nuestras aulas a los alumnos. 
¿Cuántos programas, proyectos, actividades, sobre igualdad de género, coeducación, prevención de machismos y micromachismos, etc.. desarrollamos en los centros educativos? ¿Desde cuándo? ¿Hemos visto cambios? Parece que no. Parece que no son suficientes. Parece que no somos los únicos responsables de esta formación mínima e indispensable que todos hemos de adquirir: respeto, escucha, admiración hacia todo ser humano, incluídas, porque también lo son, las mujeres. 
Algo podemos hacer desde la escuela y de mucho más calado serían nuestras enseñanzas si vinieran a reforzar, y en algunos casos a cambiar, lo que aprenden en el entorno familiar. Esa es la clave, como para otras muchas cuestiones, familia y escuela.

Algo está fallando en nuestra sociedad para que casos tan extremos como el de Laura sigan poniéndonos la carne de gallina. Sin llegar a perder la vida,  también hay casos de mujeres que son ninguneadas, cuya opinión no cuenta porque "ellas qué saben de eso". Mujeres sumisas que han aprendido a callar, que han terminado asumiendo que sus palabras y actos pertenecen a su "dueño", cuya libertad no existe porque no existe quien las crea, quien les tenga la mínima consideración... que han aprendido a no ser dueñas de las riendas de su vida.. que se sorprenden confesando "tendría que haberlo hecho en su momento" y siguen al lado de su maltratador porque ni siquiera son conscientes de estar siendo maltratadas. Y si lo son, aún impera en ellas un sentimiento de pena, de "pobre, qué haría sin mi", de "ya es tarde para dejarlo", etc...

Realmente, no se qué podemos hacer ante tantas muertes de mujeres. "Nos están matando" rezan pancartas en las manifestaciones en contra de la violencia machista, pero... ¿Quién las escucha? 
Estoy cansada de minutos de silencio en el recreo de los centros educativos, por ejemplo, que, quitando la manifestación de la pena y el respeto ante la muerte de un ser humano a manos de un verdugo, no tienen más valor y que, por su repetición, se están convirtiendo en actos comunes y carentes de otro significado, mucho más "difícil de tragar": que una mujer pierda la vida porque un hombre ha decidido que eso es lo que vale, nada. Y, oiga, que ya van más de 900 mujeres desde el 1 de enero de 2003 hasta el 31 de diciembre de 2018.

No se qué hemos de hacer pero tenemos una deuda pendiente con todas estas mujeres, maltratadas, asesinadas, ocultas y ocultadas. 

En lo que esté en mi mano, este año quiero que mis alumnos sigan conociendo la historia de mujeres increíbles, mujeres ocultas que fueron dignas de admiración y a las que la historia les robó su protagonismo. 

Pero también quiero que aprendan a descubrir a todas aquellas mujeres ocultadas que viven a su alrededor. Porque hay madres, hermanas, hijas, abuelas, vecinas, etc... que viven ocultas. Aunque afortunadamente no correrán la suerte de Laura Luelmo, han sepultado sueños, ilusiones, talentos, etc... porque nunca ese hombre creyó en ellas, porque no le interesaba hacerlo, porque son el "sexo inferior", porque hundieron sus ilusiones imponiéndole las obligaciones de su condición: la casa y los niños, por tantos otros motivos...

Que mis alumnos reaprendan a mirar con atención al género femenino, a redescubrir su valía, a respetar y a admirar a las mujeres va a ser objetivo principal y transversal en este nuevo año para mí. Quiero de esta manera poner mi granito de arena en la construcción de un mundo más justo, igualitario y respetuoso.

In memoriam de Laura Luelmo.

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